Durante una alocución presidencial, el mandatario endureció su discurso institucional y dejó claros varios puntos clave sobre este tema:

  • Fin de los privilegios: Señaló de manera tajante que los corruptos y personas condenadas por delitos contra el patrimonio público no tendrán un tratamiento penitenciario diferente ni privilegios carcelarios por haber ostentado poder o reconocimiento político.
  • Impacto social: Afirmó que este tipo de criminales no son de «categoría superior», sino corruptos cuyo daño social e institucional suele ser devastador porque sus acciones afectan a miles de ciudadanos.
  • La plata es sagrada: Bajo la premisa de que los recursos públicos son sagrados, la directriz gubernamental apunta a ir tras los bienes, la ruta del dinero y los entramados de testaferros o empresas de papel de quienes se apropien indebidamente del erario.