Durante más de un año permaneció orbitando sin un destino claro. Era la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX que, tras cumplir su misión de impulsar dos módulos lunares hacia el espacio, quedó vagando alrededor de la Tierra y la Luna.

La madrugada de este miércoles, ese viaje llegó a su fin cuando el enorme propulsor, de aproximadamente 4.000 kilogramos, impactó contra la superficie lunar a casi 8.760 kilómetros por hora, convirtiéndose en uno de los pocos objetos fabricados por el ser humano que han chocado accidentalmente contra el satélite natural.

Aunque el impacto no representó ningún riesgo para la Tierra, sí abrió una nueva oportunidad científica. Astrónomos de distintos países siguieron el evento con telescopios y equipos especializados con la esperanza de estudiar el comportamiento del polvo, las rocas y los gases expulsados tras la colisión, información que podría ayudar a comprender mejor la composición del subsuelo lunar y apoyar futuras misiones de exploración.

Fuente: Juan Camilo Cely