¿Y si el origen del Universo no necesitara una explicación basada en la fe? La provocadora mirada de Stephen Hawking puso sobre la mesa un debate que todavía divide al mundo: mientras la religión busca respuestas desde la creencia, la ciencia intenta encontrarlas a través de la evidencia, la observación y el razonamiento. Una discusión que, décadas después, sigue generando preguntas incómodas.

Stephen Hawking fue una de las mentes más influyentes de la ciencia contemporánea. Nació el 8 de enero de 1942 en Oxford, Inglaterra, y dedicó gran parte de su vida a estudiar algunos de los mayores misterios del cosmos, como el origen del universo, los agujeros negros y la naturaleza del tiempo.

Una de sus frases más conocidas fue: “No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y darle inicio al Universo”. La escribió en 2010 en su libro El gran diseño, una obra en la que defendía que las leyes de la física pueden explicar la existencia del universo sin necesidad de recurrir a una intervención divina.

Más allá de la polémica, el mensaje de Hawking sigue vigente. En una época marcada por los avances de la inteligencia artificial, la exploración espacial y los descubrimientos científicos, su reflexión invita a mantener una actitud crítica y basada en la evidencia. No se trata necesariamente de negar las creencias personales, sino de comprender que la ciencia busca respuestas mediante la observación, la experimentación y el razonamiento.