El horror de la guerra volvió a apoderarse de la población civil en el oriente del Cauca. En una sangrienta ofensiva que desató el pánico colectivo, presuntos integrantes de la estructura Dagoberto Ramos de las disidencias de las FARC perpetraron un violento hostigamiento armado con uso de explosivos y ráfagas de fusil contra las instalaciones de una base militar en el municipio de Inzá.

El feroz ataque, que se prolongó intensamente durante cerca de una hora, convirtió los alrededores de la zona en un campo de batalla, obligando a la población a esconderse bajo las camas y detrás de las paredes para no morir bajo la lluvia de balas y las violentas detonaciones.

Colegios cerrados y población atrapada en el fuego cruzado

La intensidad de la confrontación llevó a las autoridades locales a tomar medidas de extrema urgencia para evitar una masacre de civiles:

  • Suspensión inmediata de clases: La Alcaldía Municipal decretó el cierre intempestivo de los colegios y escuelas de la zona para proteger la vida de cientos de niños y docentes resguardados en medio del estruendo de las detonaciones.
  • Reacción de las tropas: Unidades del Ejército Nacional de Colombia respondieron al fuego para repeler a los atacantes y asegurar el perímetro en medio de momentos de altísima tensión.
  • Riesgo por artefactos no explotados: Los equipos antiexplosivos y las unidades tácticas acordonaron puntos estratégicos para verificar y neutralizar posibles cargas explosivas o minas dejadas por los subversivos cerca de infraestructuras comunitarias.

Comunidad bajo pánico y en alerta máxima

Habitantes del sector difundieron angustiosos videos a través de redes sociales donde se escuchan las estruendosas ráfagas y las explosiones retumbando cerca de las viviendas. El pavor aumenta ante la cercanía de este corredor violento con el departamento del Huila, lo que mantiene en máxima alerta a las autoridades regionales.

Líderes indígenas y la guardia regional hicieron un desesperado llamado a los grupos armados ilegales para que dejen a la población civil fuera del conflicto, mientras las tropas del Ejército refuerzan los patrullajes y las operaciones militares en el área para evitar una escalada de nuevos atentados en la zona.