Siete días después del devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia, la tragedia todavía no termina. El país enfrenta una emergencia de enormes proporciones mientras continúan las labores de búsqueda, recuperación y atención a miles de familias afectadas.

El sismo, ocurrido el pasado 10 de agosto con epicentro en inmediaciones de San José del Palmar, Chocó, estremeció buena parte del territorio nacional y provocó graves daños, especialmente en zonas del Valle del Cauca, Quindío, Risaralda y Chocó.

A una semana de la tragedia, los balances oficiales continúan cambiando. El más reciente reporte citado por medios nacionales sitúa la cifra en 294 personas fallecidas y 3.935 heridas, mientras cientos de familias siguen enfrentando la incertidumbre por personas que permanecen desaparecidas.

Pero detrás de cada número existe una historia. Familias que perdieron seres queridos, hogares que quedaron destruidos y sobrevivientes que ahora intentan regresar a una normalidad que parece cada vez más lejana.

En Cali, una de las ciudades más golpeadas, las labores de remoción de escombros continúan mientras familiares permanecen pendientes de las operaciones de rescate en estructuras colapsadas. El drama se hizo especialmente visible alrededor del Hospital Universitario del Valle, donde todavía persiste la angustia de quienes esperan noticias de sus seres queridos.

Y aunque la llamada “ventana de vida” de las primeras 72 horas ya quedó atrás, los organismos de socorro mantienen operaciones para localizar personas desaparecidas y recuperar víctimas. La emergencia entra ahora en una nueva etapa: atender a los sobrevivientes y comenzar la reconstrucción de las zonas devastadas.

El terremoto también dejó una consecuencia menos visible: el miedo. Miles de colombianos aseguran sentir que todo vuelve a temblar ante cualquier movimiento, ruido o vibración. En varias zonas, algunas personas todavía tienen temor de regresar a sus viviendas.

A siete días del desastre, Colombia sigue de pie, pero la emergencia está lejos de terminar. Ahora comienza una batalla todavía más larga: reconstruir viviendas, recuperar comunidades, atender a los damnificados y tratar de sanar las heridas que dejó uno de los terremotos más devastadores de la historia reciente del país.

Una semana después, los escombros pueden comenzar a retirarse. El dolor de quienes lo perdieron todo apenas comienza.