¿Adiós, Infantino? El escándalo que sacude a la FIFA y podría poner fin a su era
Se instaló la creencia, porque así lo indicaba la evidencia, de que en la Fifa todo se resuelve con dinero. Por años, el control se garantizó beneficiando a cada una de las 211 federaciones con generosos ingresos a cambio de votos, hasta que lo impensable ocurrió: se llenaron las arcas y ahora solo quieren poder.

La joya de la corona ha sido el Mundial masculino de mayores, que acaba de dejarle a la Fifa ingresos récord de 13.000 millones de dólares en un ciclo de cuatro años. Y fue justamente el motivo de la discordia.
La Fifa encontró una mina de oro que, en otras circunstancias, habría recibido apoyo rotundo.
“Es su oportunidad de avanzar si una mayoría lo decide. Antes de elegirme podían confiar en recibir 250.000 de dólares al año o 3 millones en tres ciclos —12 años—. Ahora con Fifa Forward Entreprise, recibirán hasta 86 millones en el mismo periodo, un aumento de casi 2,800 por ciento y por primera vez Fifa comercializará sus eventos”, decía Infantino, pleno de orgullo, sobre la filial que planeaba una captación inicial de capital de hasta US$4.200 millones, con una valoración de US$20.000 millones mediante inversores a largo plazo con participaciones minoritarias.
Dijo que los fondos de FFE se repartirían a las federaciones por medio de Fifa Forward, lo que aumentaría de US$8’000.000 por federación en 2023-2026 a 20 millones en 2027-2030.
Y aquí va la razón de la incomodidad: Thrive Eternal, la sociedad de cartera de capital tras FFE, tiene como uno de sus fundadores a un cuñado de la hija de Donald Trump, una de las piezas, en un proceso en el que colaborará J. P. Morgan. Todos norteamericanos, tan cercanos a Infantino recientemente.
Para rematar la incomodidad, al jefe de la Fifa se le ocurrió presionar con una carta en la que ponía fecha a la decisión de las federaciones de respaldar su millonaria oferta, lo que fue interpretado como un soborno. Y sí. En su afán de firmar rápido la lucrativa alianza perdió de vista la oportunidad que les daba a sus detractores para ponerlo en evidencia.
“Ninguna selección nacional de la Uefa participará en ninguna competición de la Fifa mientras estas propuestas sigan vigentes, a menos que dicha propuesta se haya abandonado por completo y se hayan dado garantías vinculantes de que la Fifa nunca más abrirá su gobernanza ni sus competiciones a la propiedad privada”, anunció la Uefa.
“Resulta irresponsable e indefendible. Esto no es solo un profundo fracaso de liderazgo, sino una renuncia al deber de la Fifa como guardiana del fútbol mundial”, sentenció la confederación que albergará el Mundial de 2030 en España (vigente campeón mundial), Portugal y Marruecos, nada menos que un jaque mate a Infantino.
A pesar de la amenaza de no participar en próximas citas como los mundiales femeninos sub-20 y sub-17, además del absoluto femenino en Brasil en 2027.
La primera en sumarse al boicot fue la Concacaf, seguida por la Confederación Asiática e incluso la Conmebol, tan leal al suizo, no confirmó su respaldo. Así, solo había un final posible: “Nuestro propósito siempre ha sido —y siempre será— unir y mejorar. En consecuencia, esta propuesta no seguirá adelante”, dijo Infantino en un comunicado. Jaque mate.
Ahora habrá que ver el costo de la rebelión. Los españoles temen que les quiten la sede de una posible final en 2030 y se la den a Marruecos —como respuesta a la lealtad africana—, pero ese sería el mal menor. Difícilmente el hábil Infantino volvería a equivocarse. De hecho, su temor es que, en marzo del próximo año, se presentará a elecciones y podría pagar caro esta provocación.
La Uefa quiere un candidato fuerte para derrotarlo y piensa en Nasser al-Khelaifi, presidente del PSG, de la Federación de Tenis de Catar, Qatar Sports Investments y beIN Media Group, aunque se dice que no le interesa, por ahora, el cargo. Otra opción es Dariusz Mioduski, dueño del Legia Varsovia.
